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Los jueves, milagro

Las apariciones ya no se verifican sobre una roca o en una cueva. Tradicionales emplazamientos para visibilizarse. Sino en una peana a tracción. En unas andas autómatas, adornadas como los balcones en fiestas. Y a plena luz del día, para que todo quede a foco. Y que el milagro tenga nitidez. Y tamaño. Y una proliferación de lumens. El testimonio fotográfico compone una nueva forma de estampita. No es pictórica, ni estática. Es la imaginería todo terreno. Aunque su velocidad se mantiene procesional. Parece trasladada lentamente por el cortacésped de Alvin en Una historia verdadera. Tampoco la imagen está pensada para el papel, sino para la nube; que sustituye a las nubes que se alcochaban a los pies de las inmaculadas. Para satisfacer la flamante devoción al selfie.