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Overlook

El fotógrafo se sitúa en un mirador alto, escarpado, que favorece el avistamiento. En un momento dado, imprevisto, un coche, como único punto móvil en el espacio, entra en plano. No se oye su motor. Ni nada. Y se mueve a una velocidad irreal, como si a la vez no se moviera. Sólo están avivados sus pilotos traseros, como dos ojos inyectados de rojo. El fotógrafo está apostado en una latitud desde la que el color y el blanco y negro se funden, son, una misma capa; una misma escarcha sobre las cosas y el paisaje. En la distancia, en el trazo, la fotografía conforma una suerte de dibujo al grafito. Los tonos de la luz y los grados de oscuridad también se disuelven en un mismo y único resplandor.

Fotografía: Justo Rodríguez

Texto: Bernardo Sánchez