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El fijo

El fotógrafo, buscando un faro en la noche, recala frente a la cabina. Nos sucede por la experiencia televivida que cuando uno se pone delante de una cabina telefónica, y más si es de noche, no es simplemente como mirar un escaparate. Y si no, observen con detenimiento esta cabina. Al cabo de unos segundos se sentirán avanzando hacia su interior, iluminado como el neón de un Motel de Hitchcock, imantados por una atracción irresistible. De manera que no es tanto la cabina un hueco desde el que llamar como un hueco que te llama a ti, que te invita. La propia fotografía parece iniciar un travelling hacia adelante. Y si a esas horas te has quedado sin batería en el móvil, no hay marcha atrás. Ya estás dentro. Y la puerta está en tu cabeza.

Fotografía: Justo Rodríguez

Texto: Bernardo Sánchez

 

 

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