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Escritorio

El fotógrafo, antes de la firma, cubica la estancia vacía, sin figuras ni palabras. El despacho: áureo, incluso pictórico, dispuesto para la solemnidad. Con la luz proveniente del exterior día, que entra por un ventanal abierto como un telón teatral. Unos documentos, a carpeta abierta de par en par, esperan ser firmados. Dos bolis como asas. Mientras tanto, la fotografía certifica el silencio y la espera previas, tendentes a la angulación y a la reenmarcación visual. Y al punto de fuga de la ciudad trampantojo. La fotografía del fotógrafo se adapta a la extensión de la mesa, haciendo coincidir sus extremos y provocando un efecto espejo. Pero no es la real. La fotografía real se encuentra al fondo, al lado del buqué de recibidor.

Fotografía: Justo Rodríguez

Texto: Bernardo Sánchez

 

 

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