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Al filo

 

El fotógrafo se coloca en un lugar imposible. En el que la pared de la derecha parece el final del cuerpo de la cámara, o un espejo. Una posición desde la que todo enmudece más allá del resuello y del genio del pelotari, que se irradian por esa pared, y que sólo el fotógrafo puede escuchar, aunque se mantengan secretos en el silencio de su fotografía. El sudor del jugador también llega, y el roce de sus nudillos. Tras la cuarta pared de la cancha, como el teatro que es, hay un público, testigo de la jugada, pero no confidente –por la distancia- del discurso del gesto, del instante dramático, necesariamente solitario, que capta el fotógrafo, al filo de una caja cromática, azul, amarilla, roja y verde, en la que se introduce, furtivo, entre saques.

Fotografía: Justo Rodríguez
Texto: Bernardo Sánchez