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¡Cuadroooooo!

Se gritaba en los viejos cines cuando la ventanilla del proyector no se ajustaba a las dimensiones del fotograma y de resultas la pantalla quedaba demediada, viéndose en la mitad superior de la pantalla la mitad inferior de la imagen y en la mitad inferior de la pantalla la mitad superior de la imagen, una carnicería óptica que hoy nos parece posmoderna, pero que entonces se protestaba. La realidad, que corta y pliega por cualquier punto, está minada con estos desajustes, dislocaciones y dobleces. No hay más que abrir el objetivo de una cámara en el centro de una gran ciudad, por donde la película de la vida pasa, para ver cómo, efectivamente, no hay ‘cuadro’. Y como espejismo, ni sabemos qué mitad espejea en la otra.

Fotografía: Teresa Rodríguez – Texto: Bernardo Sánchez