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Amarcord

El fotógrafo, en medio de una tormenta de vilanos, se interna en el parque, iluminado por un contraluz de cuento. En los sueños ahora también resulta imprescindible el uso de la mascarilla. En casa o fuera, todo ahora parece irreal. Felliniano. El inicio de Amarcord: cuando el vilano anunciaban la llegada de la primavera cubriendo Borgo, ciudad inventada en el nombre pero real en cuanto producto de la memoria fermentada. La naturaleza obra de oficio y esparce sus semillas enmascaradas en copos, originando ciudades, que a cada ciclo completo se borran y se reinventan, como salidas de esa niebla germinal. Y es la fotosíntesis que opera la cámara la forma más precisa de recordar y de amar su florecimiento: amarcord.

Fotografía: Justo Rodríguez
Texto: Bernardo Sánchez