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Laboratorio

 

El fotógrafo, en acto de servicio, asiste a la desinfección de una de las contadas cabinas públicas para retratarse que quedan en la ciudad. Nadie hubiera dicho hace sólo dos semanas que fuera un objetivo militar. En su interior, confinado en un baño de líquidos invariable desde Daguerre, está el cliché de la cara que se nos quedaba, solos o en las rodillas de nuestra pareja, cuando en los sitios podían estar dos personas al mismo tiempo. Una vez desinfectados de la pesadilla, volveremos al foto-matón, para reconocernos y poner caras de nuevo y esperar cinco minutos al revelado. Y a las risas. Pero ahora mismo, hasta allí, con estar a unos metros de casa, sólo puede llegar un fotógrafo, siempre y cuando esté en acto servicio.

Fotografía: Justo Rodríguez

Texto: Bernardo Sánchez