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Mutoscopio

La fotógrafa detiene por dos veces la imagen. Al disparar y al hacerlo sobre la sección de una fotografía que ya detuvo, en su momento, un instante en la vida del niño del triciclo, pero también en la historia de la fotografía denominada con los años analógica, en blanco y negro y papel, respaldada en cartón y con destino al álbum familiar. El particular y el común: ese catálogo general de fragmentos anónimos, impresionados sobre material sensible y mellado por sus bordes, como el frágil tiempo en que consisten. La fotografía del niño parece el naipe que sobresale del mazo con que sólo el mago piense en ella. O la fotógrafa. Y una vez resaltada, no falta más que el niño pedalee para que se ponga en marcha el mutoscopio.

Fotografía: Teresa Rodríguez

Texto: Bernardo Sánchez